

La masacre de cuatro personas en zona rural de Padilla, Cauca, ocurrida en la madrugada del lunes, no solo amplía la lista de víctimas de la violencia reciente, sino que refuerza una contradicción cada vez más evidente: el discurso institucional de ‘potencia de la vida’ choca de frente con una realidad marcada por el aumento significativo de las masacres en Colombia.